
El viernes que pasó debía entregar un trabajo de diseño y diagramación a las 3:00 pm en la universidad a la que asisto (UIA), el profesor nos indicó que debíamos imprimirlo en las cercanías de la UCR, para ser exacta en Policromía(lugar donde hacen todo tipo de impresión digital).
Ese día comenzó normalmente como otro cualquiera excepto porque tuve que levantarme más temprano para ir a hacer las vueltas del trabajo y estar puntual en la universidad, como siempre.
Tomé el bus de las 12:00 md con destino hacia San José y llegué a la 1:05pm, seguidamente me dirigí a tomar el bus de Barrio Mexico que me dejaría enfrente de la C.C.S.S, le pagué al chofer 110 colones del pasaje del bus y para mi descuido olvidé cerrar el broche del bolso cuando puse mi billetera de vuelta. Para mi “dicha” me tocó ir de pie por la hora del día, el bus iba demasiado lleno y para los que viajamos en bus no es un secreto que hay que agarrarse bien duro cuando algunos de los salvajes choferes hacen frenazos inesperados y en muchos de esos casos con esos movimientos tan bruscos una ni se da cuenta si le sacan pertenencias de la bolsa.
Finalmente llegué a mi destino como a la 1:25 pm y me aproximé hasta la siguiente parada, la de los que se dirigen hacia la UCR. Cuando me acercaba vi que el bus estaba saliendo y corrí un poco para poder alcanzarlo, como iba tan apresurada no me dio tiempo de sacar el dinero antes de entrar y simplemente me monté, pasé las barras electrónicas de cobro y le dije al chofer que en seguida le pagaría los 165 colones que costaba el pasaje, aún estando de pie metí la mano en mi bolso y empecé a buscar mi billetera, y no la encuentro, y busqué en todas las divisiones y nada, y vuelvo a buscar, y nada, y nada y nada.
En ese momento me invadió una sensación de frustramiento increíble, le dije al chofer que me sentaría para poder buscar mi billetera con calma, seguí buscando con la esperanza de encontrarla y nada, entonces decidí ver si en mi bolsa tenía algunas monedas por ahí, busqué, busqué y busqué y todo lo que pude encontrar fueron 150 pinches colones, en ese momento me sentí tan frágil e impotente que comencé a llorar, el muchacho de al lado al verme así me preguntó qué me sucedía, le dije que me habían robado la billetera en el bus anterior y que no me había dado cuenta hasta ese momento. Él tan lindo, amable y caballeroso me pagó el pasaje completo y yo no paraba de agradecerle eso que estaba haciendo por mí.
Llamé a mi papá para que cancelara las tarjetas del banco. De camino, yo todavía llorando, él trataba de consolarme, me contó que a él también le había pasado lo mismo en varias ocasiones, me preguntó dónde vivía y que cuánto necesitaba para devolverme hasta la casa, yo le dije que ocupaba por lo menos 1000 colones, en ese momento él sacó un billete de 2000 colones y yo comencé a llorar más fuerte aún(en ese momento me importó mucho menos si la gente me estaba viendo o no). El muchacho me pidió mi número de teléfono y yo por agradecimiento se lo di, después de que me había regalado el dinero me contó que él se dedicaba a vender collares y pulseras y me mostró las que andaba, en ese momento lloré demasiado porque me imaginé cuánto le costaba a él ganarse esa “platita” y por el maravilloso gesto de desprenderse de ese dinero para ayudarme. Finalmente llegamos como a la 1:50 pm y me despedí con un beso en la mejilla y agradeciéndole “1000 veces”.
Ya con 2000 colones en mi bolsa por lo menos podía ir a imprimir el trabajo que debía entregar forzosamente a las 3:00 pm. Me dirigí hasta el centro de impresión y terminé pagando alrededor de 1950 colones, obviamente sólo contaba con 50 colones para ese momento.
En ese momento pensé en irme caminando desde San Pedro hasta Fercori pero se me ocurrió contactar a un amigo que estudia en la UCR y que me había comentado que ese día tenía clases. Pero para mi mala suerte de ese día, él no pudo ayudarme. Decidí llamar a mi papá para ver qué podía hacer, él me dijo que vendría desde 2 horas y media de distancia a recogerme para llevarme a la universidad y darme dinero (él estaba en horas laborales). Le dije que no se preocupara, que yo me las arreglaría sola y decidí llamar al novio de mi hermana que vive en Alajuela y que estaba de vacaciones ese día, él me dijo que por supuesto me ayudaría. Esperé hasta las 2:30, él me llevó hasta la universidad, me dio plata y pude llegar a tiempo para entregar mi trabajo.
Ese día me di cuenta que todavía existen personas buenas, con un corazón bondadoso, personas que hacen que el mundo no se venga abajo y que hay personas que siempre estarán dispuestas a ayudarme cuando yo más lo necesite.
Hasta el momento estoy esperando que el muchacho me llame otra vez para agradecerle una vez más el gesto de solidaridad que tuvo conmigo ese día.
¡Bendigo a todos los que me ayudaron ese día!





2 comentarios:
me causa gracia que hables de estas personas como algo externo a vos, cuando sos UNA de esas personas que hacen que valga la pena creer aun en la humanidad y no dar por terminada la faena en este mundo ya tan trastabillado :)
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